sábado, 27 de febrero de 2016

La iniciativa Sócrates, notas

La iniciativa Sócrates.
Unas notas
Diciembre de 2015



Toda mejora, o cambio, en el comportamiento humano supone ideas y prácticas diferentes. Por eso se suele decir que si se quieren resultados diferentes entonces no se debe pensar ni hacer lo mismo como si a golpe de voluntad una persona quisiera ser el mejor atleta sin preparase para ello, o un gran escritor sin escribir, o un ingeniero sin capacidad ni esfuerzo para las matemáticas, o el mejor ejemplo de su fe sin conocerla ni practicarla en lo que dice la fe. Esas ideas y prácticas diferentes son la racionalidad teórica –o los conceptos e ideas- y la racionalidad práctica –o el saber hacer-.

La iniciativa Sócrates surgió como respuesta de racionalidad teórica y práctica a varias situaciones problemáticas. (i) los reiterados comportamientos disruptivos de los estudiantes que afectan su permanencia en el sistema y la convivencia escolar, reportados como conflictos con normas, autoridades, pares y ciudadanos; (ii) los bajos rendimientos de algunos estudiantes reportados en las pruebas ICFES (saber 3, 5, 9 y 11); (iii) el aumento en los consumos de psicoactivos (alcohol, tabaco, marihuana, bóxer); (iv) la pobreza de las familias del municipio, (v) la tendencia regional al desempleo y el empleo informal, (vi) la necesidad de mejorar las condiciones de vida de la región para mejorar las posibilidades de garantía y satisfacción de todos los derechos de todas las niñas, niños, adolescentes ya adultos.


El marco de realidad de la iniciativa es la política pública de infancia y adolescencia: Yo construyo, ordenada por la Ley1098/06 y elaborada con la participación del Trabajador Social Milton Montero –quien elaboró en su mayor parte la línea diagnóstica que se muestra en la gráfica, y contribuyó a formular la idea).

La racionalidad teórica y racionalidad práctica.


Las mejoras (o cambios) debe responder a preguntas del tipo ¿qué se quiere cambiar, cómo y porqué se dice que lo que se quiere hacer logrará el cambio que se quiere? Y las preguntas después de poner en marcha las ideas de cambio ¿se logró, si, no, por qué?

Las mejoras necesitan una formulación teórica acerca de cómo puede ser posible ese cambio.
La iniciativa Sócrates partió de la siguiente formulación: (i) si se sabe cuál es el comportamiento que se debe o puede cambiar, entonces pueden formularse y probarse algunas ideas y acciones para intentar el cambio; (ii) si no se sabe lo que se debe o puede cambiar, todo lo que se intente para el cambio está sujeto a la suerte porque puede estar en la dirección correcta como no estarlo; (iii) si se sabe lo que se debe o puede cambiar pero no se intenta, no se logra nada; (iv) si se sabe y se intenta pero no se persiste, no se logra, porque los comportamiento son como protocolos de acción (hábitos, costumbres, si esto entonces aquello) que las personas tienen en su cotidiano vivir. (v) Una pregunta general frente al cambio, partiendo de C1 como el comportamiento actual y C2 como el comportamiento futuro y deseable, donde C2 debe ser diferente en algo a C1 y esa diferencia es el resultado del cambio, es: ¿por qué nos comportamos como lo hacemos y no de otra manera? (vi) Una respuesta posible y muy general es la siguiente: porque pensamos que…, creemos que…, sentimos que…, queremos que…(vii) Si se acepta que el comportamiento humano resulta de lo que creemos, sentimos, pensamos y queremos, el problema para el cambio es ¿cuál de estos factores intervenimos? ¿Cómo sabemos si este o aquel comportamiento tiene su base en la conexión creer y querer, o sentir y pensar, o siento, creo y quiero? (viii) Si no se sabe lo que se debe o se puede cambiar, es posible que se emprendan muchas acciones y que ninguna sirva a su propósito, como le ocurre frecuentemente a las campañas de prevención que confían en exceso en las publicaciones escritas (ideas) o a las escuelas de padres que confían en exceso en los discursos o charlas de expertos y motivadores (pensar, querer y sentir), o los programas políticos cargados de un exceso de voluntarismo desde el que se supone que solo basta con querer algo para que suceda.

(ix) Si se acepta que el comportamiento humano de la entidad biológica y cultural que somos resulta de lo que se cree, siente, piensa y quiere en un contexto específico, entonces un camino para el cambio está en la identificación de esos factores, en su inter relación y en su adecuada intervención, asumiendo que si quien interviene lo sabe pero no el intervenido, es posible que falle lo que se haga porque el que interviene no puede sentir ni creer, ni pensar ni querer por el otro (intervenido); (x) si se acepta que quien debe cambiar es quien debe saber lo que debe y puede cambiar y debe aceptarlo, entonces el peso del problema –del cambio desde afuera- se sitúa en cómo lograr que la otra persona (intervenida) participe voluntariamente en el proceso.


El modo que propone la iniciativa Sócrates es el juego y la interacción intensificada. (xi) El juego crea un ambiente que posibilita la acción y la interacción sin el apremio del “examen evaluativo o diagnóstico propio de psicólogos, docentes, médicos y evaluadores” que predispone y a veces indispone al intervenido. La interacción en el juego permite que cada participante se exprese con su acción y luego converse sobre qué se hizo, cómo, por qué para qué, si resultó o no y por qué y qué se puede intentar como solución diferente a las ya usadas y probadas. (xii) La interacción en el juego y con otros permite que cada cual se actúe como es (se exprese según lo que siente, cree, piensa y quiere) y la conversación permite que cada cual visualice (porque se anota en tarjetas) lo que siente, cree, piensa y quiere (xiii) Una ayuda, muy útil, para expresar lo que se siente, cree, piensa y quiere frente a la acción propia y ajena es con la técnica de Edward de Bono de los 6 sombreros: rojo para hablar de emociones, amarillo para proponer, blanco para hablar de hechos, de datos, negro para hablar de cómo esta o aquella idea no puede ser (inviabilidad, parte negativa), verde para proponer alternativas impensadas hasta ahora y azul para integrar (organizar) lo dicho en todos los 5 colores. (iv) Una vez identificadas las creencias, emociones, ideas y preferencias que forman un comportamiento, por quien debe cambiarlos, sigue un proceso de ensayo y error a partir de iniciativas o proyectos formulados para tal efecto, pues si no hay práctica de las ideas, si no se intentan, no ha cambio.

El proceso y sus dificultades.

La iniciativa Sócrates tiene todas las dificultades que tienen las ideas da cambio y sobre todo de cambio voluntario y lúdico en una sociedad tradicional ordenada por la jerarquía y el imperio de la versión de quien tenga un mayor grado de jerarquía por mínimo que sea.
Por eso es una iniciativa, un ensayo de prueba y error, acerca de cómo es posible el cambio de un modo diferente a las órdenes impuestas y el castigo.
La iniciativa tiene sus fundamentos en los tratados internacionales suscritos por Colombia en lo referido al tema educación y a los derechos de los niños, niñas y adolescentes y a sus correlatos normativos en la legislación interna: Constitución Política, Ley 1098 de 2006 o código de infancia y ley 1620 de 2013 de convivencia escolar.

La mayor dificultad a superar de la iniciativa Sócrates, con el cambio voluntario, es la cultura de los adultos que son padres de familia, docentes y directivos en las instituciones educativas porque todos nacieron y crecieron en una época sin derechos.

¿Y por qué los derechos? Porque son las reglas mínimas que definen y limitan, para todos, lo que se debe y no se debe hacer como comportamiento: ya como posibilidad de lo que cada cual puede hacer, ya como restricción de lo que no puede hacer, ya como límite a quien está investido de poder para hacer o no hacer lo que puede afectar esos mínimos. Este es un punto crítico porque el mundo pre-derechos estaba regulado por las tradiciones, costumbres y usos propios de una sociedad tradicional donde “lo que se pueden y debe hacer” sed aprende, tradicionalmente: del ejemplo, las órdenes, las reglas y el uso de la fuerza. Todos lo saben: el ejemplo muestra el camino de forma clara y arrastra. El problema es el mal ejemplo o el contra ejemplo también arrastran. Las órdenes a modo de directrices orientan, señalan lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer. El problema es cuando las órdenes son torpes, equívocas, contradictorias, imposibles, injustas, irracionales. Las reglas son límites entre lo que se puede y se debe y no se puede ni se debe. El problema es cuando no son claras o se cambian sin ton ni son y todo da lo mismo y nada es lo que puede o debe ser. La fuerza es un mecanismo para asegurar el cumplimiento de las órdenes y las reglas. El problema es cuando se usa para todo y para imponer caprichos, para desahogar la ira o por deporte. Y la peor situación es cuando se usa para reprochar lo que se enseña con el mal ejemplo, o las órdenes equivocadas y las reglas confusas.

De ahí que sea un desacierto repetir la frase atribuida al ex presidente Mujica -y muy repetida en facebook- que separa la enseñanza de los conceptos y de los valores afirmando que los primeros son la tarea de la escuela y la enseñanza de los valores en que se funda y orienta el comportamiento en la convivencia es tarea de la familia. Según esta atribución a Mujica que quizá no sea cierta, la disciplina, el respeto, la honestidad, saludar, dar las gracias, no tomar lo ajeno, la veracidad, etc., no se enseñan en la Escuela sino en la casa. Quienes aceptan y celebran esta separación, sabiéndolo o no, le quitan espacio en el currículo a la ética, la moral, las emociones, los derechos y deberes, las competencias ciudadanas y los proyectos transversales y condenan a las niñas y niños al extravío en los casos cada vez más frecuentes donde no hay familia o donde la familia no acierta en su tarea.

La iniciativa tuvo su mejor recepción en las instituciones educativas donde ya agotó el repertorio de las soluciones tradicionales sin resultados y donde existen maestros y maestras con la disposición de darle oportunidad a las alternativas.

Por parte de las y los estudiantes la recepción es total porque no son intervenciones discursivas como las clases normales ni juicios de valor que les reprochan esto o aquello: son oportunidad para jugar, para actuar, para hablar, para pensarse a sí mismos a partir de la propia acción y de SER RECONOCIDOS en sus mejores capacidades.

En la tercera versión participaron las estudiantes del cuarto (4) grado del Colegio LA Presentación y los estudiantes del sexto grado del Colegio Bethlemitas Brighton.
Durante el proceso se les practicó un test de inteligencias múltiples (Gardner) cuyos resultados fueron testeados con actividades de juego y conversación, tal como se ha descrito para la iniciativa Sócrates, en 4 sesiones para cada grupo (3 grupos). Al final se les entregó un diploma que les reconoce su mejor capacidad, según el resultado de los test y las pruebas.

¿Por qué las capacidades?

Porque la finalidad de la educación, según la Convención de los Derechos del Niño (1989, ley 12 de 1991) es “Desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y física del niño hasta el máximo de sus posibilidades”. Porque las capacidades, naturales y adquiridas, son la base de la acción, del comportamiento de las personas. Porque lo mejor que le puede ocurrir a una persona es que su familia, su escuela y su sociedad y su Estado le ayuden a identificar sus capacidades, a explorarlas, a dominarlas (competencia como saber hacer) y a expandirlas hasta niveles de experto porque las capacidades y lo que se haga con ellas fundan el proyecto de vida según lo que cada cual se sienta llamado a ser y hacer desde su libre desarrollo de la personalidad. Porque al paso que se identifican y exploran las capacidades se identifican y comprenden las restricciones que es necesario manejar y transformar para que no marchiten sus capacidades, para que cada cual pueda florecer en la mejor versión de sí mismo.

Los aliados.

La Universidad de Pamplona fue el aliado estratégico y también lo fueron la Institución educativa San Francisco, Brighton y el Colegio La Presentación.

La iniciativa y los problemas por resolver.

¿Cómo cambiar las tendencias en el consumo de alcohol y marihuana? ¿Cómo mejorar la permanencia escolar para evitar la deserción y la pérdida de los años escolares? ¿Cómo lograr que el sistema educativo forme para el arraigo, el desarrollo local y territorial para que mejoren las condiciones de vida de las personas y el territorio? ¿Cómo educar para la paz y la convivencia donde no se aceptan plenamente los derechos?
La iniciativa SOCRATES es una propuesta para resolver estas preguntas desde el cambio voluntario.

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