Neurobiología, motivación
y Proyecto de vida en la
adolescencia
Notas.
Cerebro, emoción y cognición
El cerebro. La década 1990-2000 fue la
década del cerebro por la decisión de un grupo de científicos que impulsó ante
el Congreso y el Gobierno de Estados Unidos la apropiación de grandes recursos
para la investigación del cerebro sobre 4 puntos básicos: enfermedades,
microscopio y neuroimagen, patologías y ciencias intermedias como la biología
molecular. Esta iniciativa motivó a la
Unión Europea para implementar el Proyecto CERI: Ciencias del Aprendizaje e
Investigación sobre el Cerebro (OCDE, 2009); también Japón y China iniciaron programas de investigación sobre
del cerebro. Al finalizar la década se
habían logrado grandes desarrollos en tres áreas: las técnicas de neuroimagen,
el estudio de las demencias y desarrollo de conocimientos sobre genética y sus
posibles aplicaciones terapéuticas. (Martín-Rodríguez y otros, 2004). Por su
parte la Unión Europea diseñó el programa FET-Flagships (Tecnologías Emergentes
Futuras) que en el año 2013 definió 6 proyectos estratégicos y entre ellos The
Human Brain Project -HBP- “el proyecto
Cerebro Humano” cuyo objetivo es “construir simulaciones detalladas desde el
punto de vista biológico del cerebro humano completo, así como la creación de
tecnologías de supercomputación, modelización e informáticas necesarias para
llevarlo a cabo.” (HBP-UPM, 2011). El periódico El País de España (Salas, 2015)
menciona que una parte de la comunidad de neurocientíficos pide que el proyecto
HBP se reforme en dos de sus bases: el objetivo para pasarlo de optimista
realista por el estado actual de la ciencia sobre el cerebro; y la dirección
del proyecto para que la gestión y coordinación tengan más rigor científico. Por su parte, los centro de investigación
privados sobre el cerebro siguen su propia como el que lidera el Neurobiólogo
Jaime Romano en México con Neuromarketing (2016) y el neurocientífico Carlos Logatt en
Argentina con la Asociación Educar en Argentina. En Colombia algunas Universidades
como la de Antioquia, la Nacional los Andes, el Rosario adelantan
programas en neurociencias.
Antes de la
década 1990-2000, explica la neurobióloga Sara Blakemore (2007), no existía una
tecnología que permitiera estudiar el cerebro en vivo y sin invadirlo, pero a
partir de los 90 se ha mejorado la ciencia de la imagen estructural y funcional
para el cerebro basada en las emisiones eléctricas de las neuronas. En los años 70 evolucionó el TAC -Tomografía
Axial Computarizada- para observar el cerebro a partir de rayos X. En los años
80 aparece la RMN -Resonancia Magnética Nuclear- que usa ondas de radio que
interacciones con los átomos del cuerpo mientras están sometidos a un potente
imán que rodea al paciente. En los 90 vendría la RMf -Resonancia magnética
funcional- que usa RMN para ver las áreas cerebrales que se activan cuando el
paciente realiza una tarea cognitiva. (enciclopediasalud.com, 2009) El neurobiólogo e investigador Jaime Romano
cuenta (TEDxDF, 2015) que su
conocimiento y trabajo en con neuroimagen y computación creó la neuropirámide
de Romano que explica cómo decide el cerebro y que viene desarrollando en su
empresa neuromarketigng (Romano, 2012). Para Neuromárketing la Neuropirámide es
un modelo que explica la secuencia de eventos mentales que tienen lugar, desde
que los sentidos reciben un estímulo hasta que se convierte en una acción -que
para el marketing es la compra-
pasando por todas las etapas de procesamiento sensorial, emocional y
cognitiva (Romano, 2016). La pirámide de Romano tiene 6 niveles: (1) la
atención, que ocurre cuando el cerebro filtra unos estímulos entre todos los
que está recibiendo; (2) activación sensorial, cuando se activan áreas
específicas del cerebro que reciben la información sensorial; (3) Emoción,
cuando se produce un estado mental de placer o displacer que surge
espontáneamente dando importancia al estímulo en cuestión; (4) Cognición, que s
compone de dos procesos, el análisis que separa los elementos y la síntesis que
une los elementos para formar una idea;
(5) Regulador de la acción, es un
mecanismo que monitorea, ajusta y guía la conducta enfocándose en una posible
ganancia o recompensa; y (6) Acción, cuando en menos de 300 milisegundos desde
la atención, la información ha sido
procesada por el cerebro y está lista para transformarse en comportamiento.
Resumiendo, el
conocimiento de los últimos 25 años sobre el cerebro sirve para saber cómo se
capta la atención de una persona para conseguir de ella un comportamiento
específico, que en el caso del neuromarketing es la decisión de comprar. Luego,
si todo comienza con la atención y la emoción, ¿acaso decidimos
inconscientemente antes de decidir conscientemente? ¿Acaso todo lo que captura
nuestra atención termina en nuestra decisión? Para Romano la respuesta es sí, y
también para otros neurocientíficos como el mexicano Ranulfo Romo quien trabajó con la pregunta ¿Qué hay antes
de las decisiones voluntarias? Los estudios de Romo concluyeron que todo acto
(acción) motor voluntario es involuntariamente iniciado; todo acto consciente
es inconscientemente elaborado por el cerebro, porque el cerebro esta
procesando información de forma permanente pero por debajo de lo consciente y
sólo eventualmente el cerebro la deja pasar para que se convierta en un pensamiento
consciente. (Romo, 2012 y 2016). El cerebro, dice Romo, tiene varios circuitos:
unos para las funciones orgánicas como la respiración y la digestión que
ocurren sin que seamos conscientes de ellas ni ellas estén sujetas a decisiones
del tipo: pulmones respiren; otras como las emociones (el amor, el miedo, etc.)
que nos ocurre por algo que sucede y
atrapa nuestra atención y no por una decisión del tipo: voy a tener mucho miedo,
o voy a dejar de tenerlo, voy a enamorarme o a desenamorarme porque así lo
decido; y otras, como la decisión de casarse o no, que son situaciones evaluadas
conscientemente; esto quiere decir que la mayor parte del tiempo el cerebro no
hace tareas racionales. Y, precisamente, lo que hacen las nuevas tecnologías de
neuroimagen es ver los cambios eléctricos en el cerebro cuando ocurren estos
procesos, pero no ve lo que pasa como proceso. Más adelante volveremos sobre la cuestión de
si todo lo que captura la atención se convierte en emoción y si todo lo que es
emoción se convierte en acción.
La hipótesis de emoción para Damasio (2009) es la siguiente: “(1)
Una emoción propiamente dicha, como felicidad, tristeza, vergüenza o simpatía,
es un conjunto complejo de respuestas químicas y neuronales que forman un
patrón distintivo; (2) las respuestas son producidas por el cerebro normal
cuando éste detecta un estímulo emocionalmente competente (un EEC),· esto es,
el objeto o acontecimiento cuya presencia, real o en rememoración mental,
desencadena la emoción. Las respuestas son automáticas; (3) el cerebro está
preparado por la evolución para responder a determinados EEC con repertorios
específicos de acción. Sin embargo, la lista de EEC no se halla confinada a los
repertorios que prescribe la evolución. Incluye muchos otros aprendidos en toda
una vida de experiencia; (4) el resultado inmediato de estas respuestas es un
cambio temporal en el estado del propio cuerpo, y en el estado de las
estructuras cerebrales que cartografían el cuerpo y sostienen el pensamiento; y
(5) el resultado último de las respuestas, directa o indirectamente, es situar
al organismo en circunstancias propicias para la supervivencia y el bienestar.”
El estímulo emocionalmente competente es como una llave y el lugar del cerebro
que activa es como una cerradura, explica Damasio, por ejemplo, si el ojo ve un
un objeto que se aproxima amenazador y rápido se emiten señales en paralelo a diversas
estructuras cerebrales, como la amígdala que se activará cuando «detecten» una
determinada configuración (cuando la llave encaje en la cerradura) e iniciarán
señales hacia otras regiones cerebrales, dando así lugar a una cascada de
acontecimientos que se convertirán en una emoción.
Algunas de las
regiones cerebrales o lugares que
desencadenan emociones, de las que mejor se conocen y que son como “cerraduras”,
son la amígdala que reacciona ante el estímulo con cólera o miedo –lucha o
huida- y que está ubicada profundamente en el lóbulo temporal; también una parte
del lóbulo frontal denominada corteza prefrontal ventromediana (que reacciona
con agrado o desagrado –simpatía- ante el estímulo) y otra región frontal en el
área motriz suplementaria y cingulada. Para que se cree el estado emocional, la
actividad neural debe propagarse hasta los lugares –por ahora conocidos- donde
se ejecuta la emoción como el hipotálamo, el cerebro anterior basal y algunos
núcleos en el tegmento de la médula espinal. El hipotálamo, directamente o a
través de la glándula pituitaria libera al torrente sanguíneo sustancias
químicas que alteran: (i) el medio interno, (ii) la función de las vísceras y (iii)
la función del propio sistema nervioso central. Dos péptidos: la oxitocina y la
vasopresina son ejemplos de moléculas liberadas bajo el control de los núcleos
hipotalámicos con ayuda de la glándula pituitaria posterior. Toda una serie de
comportamientos emocionales (tales como el apego y la crianza) depende de la
disponibilidad adecuada de dichas hormonas en el seno de las estructuras
cerebrales que rigen la ejecución de dichos comportamientos. Los comportamiento
que se experimentan como gratificantes y placenteros dependen de la liberación
de dopamina desde el área ventrotegmental del tallo cerebral o bulbo raquídeo y
de su disponibilidad en el núcleo accumbens del cerebro anterior basal. Todos
los que esperan ser recordados, y que se recuerde su mensaje y enseñanza, deben
procurar que en sus espectadores se libere dopamina.
Hasta aquí los tres (3) primeros
pasos, siguiendo la pirámide de Romano, atención, activación sensorial y
emoción. Sigamos con los otros tres: cognición, regulador de la acción y acción
que ocurren en el necortex.
El encéfalo
–cerebro- es la sede de la conciencia y la razón, el lugar donde se centran el
aprendizaje, la memoria y las emociones. Según la teoría del cerebro triúnico
de Paul McLean (Carter, 1998) el encéfalo humano evolucionó durante millones de
años y cada estructura nueva y más complejas se conserva con las antiguas
estructuras. Las tres grandes etapas evolutivas originaron tres cerebros en lo
que hoy es un sólo cerebro: (i) el núcleo central primitivo que controla
funciones corporales como la respiración, el ritmo cardiaco y la presión
sanguínea; (2) el sistema límbico, que evolucionó más tarde y está encargado de
las emociones; y (3) los hemisferios cerebrales –neocortex-, que están a cargo
del pensamiento lógico.
¿Y cómo se
relacionan estas explicaciones con la educación?
La
Neurosicoeducación
La
neuroeducación es visión de la enseñanza basada en el cerebro; también es un
campo nuevo y abierto de las
neurociencias que debe proporcionar herramientas útiles para que el proceso
educativo cultive y haga cotidiano el pensamiento crítico en un mundo cada vez
más abstracto y simbólico. Neuroeducación significa evaluar y mejorar la
preparación del que enseña y ayudar a facilitar el proceso de quien aprende. La
neuroeducación, con ayuda de la neurociencia, trata de encontrar caminos a
través de los cuales pueda aplicar en el aula los conocimientos que ya se
poseen sobre los procesos cerebrales de
la emoción, la curiosidad y la atención y como estos procesos se encienden y con ellos
se abren esas puertas al conocimiento a través de los mecanismos de aprendizaje
y memoria. La neuroeducación es optimista porque aspira a métodos siempre
adaptados a la alegría, al despertar, al placer y nunca al castigo porque ya
sabemos que “La letra con sangre NO ENTRA” (Mora, 2013).
Para los
argentinos de la Asociación Educar (2016) la expresión no es neuroeducación sino neurosicoeducación como una integración
de los más modernos avances científicos y las disciplinas que trabajan con el
conocimiento, la comprensión y la modelación de la conducta, el respeto por uno
mismo y los otros y el desarrollo y crecimiento como seres humanos.
La Asociación
Argentina EDUCAR (2013) que preside Carlos Logatt publicó el texto digital
“Neurosicoeducación para todos” –que seguiremos en este apartado- donde plantea
que los seres humanos somos una unidad cuerpo, cerebro, mente y medio ambiente
(UCCM), que cada una de las cuatro partes tiene injerencia sobre el
funcionamiento de las otras, tanto en forma ascendente como descendente, que la
principal función de la UCCM es asegurar
la supervivencia –individual-, la segunda, siempre que se cumpla la
primera, es la supervivencia del grupo -instinto gregario- y
la tercera es la reproducción de la especie -supervivencia de la especie-
(Neurosicoediucación para todos, 2015). Estas tres funciones se logran a través
de los diferentes sistemas de la UCCM: (1) sistema instintivo, (2) sistema
emocional, (3) sistema reflexivo o de los lóbulos prefrontales.
Las funciones
principales del sistema instintivo son: (i) delimitación y defensa de un
territorio (que para un ser humano aparte de una porción del mundo exterior
este concepto puede incluir casas, autos, parejas, amigos, ideas, creencias);
(ii) aspectos motores de la sexualidad; (iii) determinación de la jerarquía
social en los diferentes ámbitos de vida; (iv) generación y mantenimiento de rituales
sociales, tales como casamientos, bautismos, fiestas de 15 años, religiones,
etc; (v) control de las funciones vitales (respiración, frecuencia cardiaca,
presión arterial, etc); (vi) nostalgia por el terruño o tiempos pasados; (vii) resistencia
al cambio.
Las funciones principales de la red
emocional son: (i) el instinto maternal y paternal, (ii) las capacidades de
aprendizaje, (iii) las emociones, (iv) la curiosidad y (v) el juego.
Las funciones principales del
sistema reflexivo son: (i) la lógica, (ii) el razonamiento matemático, (iii) la
lectura, (iv) Lenguaje; (v) Interpretación
de los hechos; (vi) Capacidad de introspección; (vii) Iniciativa, voluntad; (viii) Pulimento de ideas; (ix) Oído musical; (x)
Creatividad - ideas en bruto; (xi) Lenguaje gestual.
Los tres sistemas tienen la función
común de la supervivencia y más allá de ella, con la ayuda de los lóbulos
prefrontales, el ser humano busca los valores y la trascendencia; y al servicio
de esta búsqueda debe estar la neurosicoeducación.
Los lóbulos prefrontales tienen,
básicamente, dos grandes funciones: (1) las cognitivas: atención sostenida y
selectiva, lenguaje, memoria, creatividad, razonamiento lógico; y (2) las
ejecutivas: planificación a largo plazo, perseverancia, prever problemas,
resolución de conflictos, retardo de la gratificación, vetar impulsos emocionales,
ser empático, ética y altruismo
Estas dos grandes funciones: la
supervivencia y la trascendencia, dependen de dos sistema de conocimiento y
acción: uno de vía rápida (instinto y emociones) y otro de vía lenta (lóbulos
prefrontales). Se llama de vía rápida porque se activa en 125 milisegundos
mientras que la vía lenta se activa en 500 milisegundos. El sistema lento es el
responsable de toda la ciencia, filosofía, arte, religión y cultura humana.
Una vez que el
estímulo se presente se activa la vía rápida (instinto y emoción) y si la vía
lenta está preparada puede imponer veto a la conducta iniciada por las áreas
primitivas del cerebro; “Por esta razón, todos los comportamientos humanos, por
lo menos en los primeros milisegundos, son siempre inconscientes –como afirman
los neurocientíficos Romo y Romano-. De ahí lo fácil que es encontrarse
haciendo cosas indeseables a pesar de pensar y decirse a sí mismo, y a los
demás, que esa conducta nunca se iba a repetir.” Sobre las dos vías, Logatt
cita a Kahneman y a Lieberman. (Logatt, 2015)
Para explicar
las dos vías el psicólogo y premio nobel (2002) de economía Daniel Kahneman ha
publicado su libro “Pensar rápido, pensar despacio” donde las presenta como
sistema Uno y sistema Dos. El Sistema 1 opera de manera rápida y automática,
con poco o ningún esfuerzo y sin
sensación de
control voluntario. El Sistema 2 centra la atención en las actividades mentales
esforzadas que lo demandan, incluidos los cálculos complejos. Las operaciones
del Sistema 2 están a menudo asociadas a la experiencia subjetiva de actuar,
elegir y concentrarse. (Kahneman, 2012). En una sinopsis del propio autor, los
Sistemas 1 (s1) y 2 (s2) están siempre activos mientras permanecemos despiertos,
el s1 actúa automáticamente y el s2 se halla normalmente en un confortable modo
de mínimo esfuerzo en el que solo una fracción de su capacidad está ocupada; el
s1 envía continuamente sugerencias al s2: impresiones, intuiciones, intenciones
y sensaciones; si cuenta con la aprobación del s2 las impresiones e intuiciones
se tornan creencias y los impulsos, acciones voluntarias; si todo se desarrolla
sin complicaciones, como ocurre la mayor parte del tiempo, el s2 acepta las
sugerencias del s1 con escasa o ninguna modificación. Generalmente damos
crédito a nuestras impresiones y cumplimos nuestros deseos, y eso está bien…
por lo común. Cuando el s1 encuentra una dificultad llama al s2 para que le
sugiera un procedimiento más detallado y preciso que pueda resolver el
problema. El S2 es movilizado cuando surge un problema para el que el Sistema 1
no tiene solución alguna, como multiplicar 36 x 781 porque tiene que hacer una
operación mientras que si el problema fuese 3 x 9 s1 respondería desde la
memoria. Cuando estamos sorprendidos, podemos experimentar un repentino aumento
de la atención consciente; el S2 es activado cuando asistimos a un acontecimiento
que altera el modelo del mundo que el S1 mantiene. La sorpresa activa y orienta
entonces nuestra atención: miramos fijamente y buscamos en nuestra memoria una
historia que dé sentido al acontecimiento que nos causa sorpresa. El S2 es
también capaz de controlar continuamente su propio comportamiento: el control
que hace que nos comportemos educadamente aunque estemos enojados, y nos alerta
cuando conducimos de noche. El S2 es movilizado para que el esfuerzo aumente
cuando detecta que estamos a punto de cometer un error. En suma, la mayoría de
las cosas que pensamos y hacemos con S2 se originan en el S1, pero el Sistema 2
toma las riendas cuando esas cosas se ponen difíciles, y es él normalmente el
que tiene la última palabra.
Hay varios
circuitos maestros relacionados con los dos sistemas de conocimiento y acción
lenta y el rápida y los lóbulos prefrontales: el circuito de remodelación
mental y el circuito de control emocional. El viejo paradigma, que aceptaban
psicólogos como Freud, y que aun es
correcto, dice que el sistema rápido tiene el poder de influir de forma
constante en todas las tomas de decisiones que llevaba a cabo el sistema de los
lóbulos prefrontales, algo que restringe
de forma casi absoluta el libre albedrío del que puede disponer un ser humano.
El nuevo paradigma afirma que los lóbulos prefrontales pueden modelar los
automatismos del sistema rápido de tal manera que los mismos sean cada vez más
flexibles y humanizadores, permitiéndonos de esta manera desarrollar al máximo
la capacidad de libre albedrío.
El circuito de
remodelación mental inicia en la pre-consciencia (sistema rápido), de ahí sigue
el umbral de conciencia, luego sigue el sistema de los lóbulos prefrontales (consciencia
y auto consciencia), luego se determinan y generan nuevos hábitos positivos (o
contra hábitos), luego se entrenan con nuevos hábitos (repetición) y luego se
automatizan los nuevos hábitos que luego funcionan como sistema rápido
(pre-consciencia).
El circuito de
control emocional da el autocontrol y el autodominio; su lema es: si quiere
algo mejor, debe saber esperar.
Para Logatt, “La
educación del autocontrol en los niños y jóvenes, debería ser incorporada en
todos los planes educativos, ya que permite que puedan luchar y perseverar por
alcanzar sus sueños. Y una persona que sueña no tiene tiempo para cometer
maldades” (Logatt, 2015).
Los dos
circuitos, el de control y el de remodelación, trabajan juntos porque el uno da
el dominio y el otro la posibilidad de hacer cambios y ambos permiten controlar
el mundo interior. ¿Cómo? Logatt propone 5 pasos:
Pasos 1.
Detectar aquellos automatismos negativos, que hacen que predominen en nuestras
acciones el primitivo que llevamos dentro.
Paso 2: Seleccionar
uno de estos automatismo negativos y
crear un comportamiento reemplazante que sea pro-trascendencia.
Paso 3. Estar
atento para detectar un automatismo negativo ni bien se pone en acción, ya que
es más fácil detenerlo en sus primeras manifestaciones (cuanto menos aceleraba
es Ferrari)
Paso 4. Utilizar
el autocontrol para frenar el automatismo negativo y reemplazarlo por el nuevo
futuro automatismo positivo (cambio de rumbo)
Paso 5.
Persistir en la acción el tiempo o las veces suficientes para que se logre
cambiar el viejo automatismo negativo, por el nuevo positivo
(neuroplasticidad).
Para el Director de la Asociación
Educar-Neurobiología Carlos Logatt (2014) hay dos sistemas de la conducta: (1)
el sistema de conocimiento y acción rápida y (2) el sistema de conocimiento y
acción lenta.
La motivación intrínseca y extrínseca
Al comienzo de esta tesis
se mencionó que para Reeve (2009) el objeto de estudio de la motivación son los
procesos que le dan fuerza y propósito al comportamiento y que tienen un origen
intrínseco -en el individuo- y otro extrínseco al individuo -en el ambiente- y
se dijo que esta idea de la motivación planteaba tres (3) grandes problemas con
relación al proyecto de vida de los adolescentes escolarizados: (1) el qué y el
cómo de la intervención del adulto de la comunidad educativa (familia, Colegio)
para motivar al adolescente; (2) el qué y el cómo de la comunidad educativa para
que el adolescente se motive intrínsecamente
a partir de sus necesidades, cogniciones y emociones. Y, (3) el qué y el cómo hacer
del hacer de la comunidad educativa sobre el ambiente que no controlan
(extrínseco): la calle, el alcohol, los psicoactivos, los video juegos, el
internet, el consumismo, el sexo sin control, la televisión, el narcotráfico,
la corrupción, etc. Estas preocupaciones por la motivación son tan viejas como
la humanidad. En la antigüedad, por ejemplo, desde los griegos hasta el
renacimiento (Reeve, 2009) la motivación se explicaba a partir de dos ideas: la
voluntad y los deseos; luego de este período el interés cayó sobre el origen
genético –como instinto- y después llegaría Freud y Hall con su teoría de la
pulsión como explicación de la causa de la motivación. En las últimas décadas
las grandes teorías que explican la motivación fueron abandonadas dando paso a
miniteorías de la motivación sostenida
por muchas voces y perspectivas. Así, por ejemplo, están la Teoría de
motivación de logro (Atkinson, 1964); la teoría de la atribución de motivación
de logro (Weiner, 1972); la Teoría de la disonancia cognitiva (Festinger, 1957);
la Motivación de la eficiencia (Harter, 1978a; White, 1959); la Teoría de
expectación×valor (Vroom, 1964); la Teoría de flujo (Csikszentmihalyi, 1975);
la Motivación intrínseca (Deci, 1975); la
Teoría de establecimiento de metas (Locke, 1968); la Teoría de indefensión
aprendida (Seligman, 1975); la Teoría de la reactancia (Brehm, 1966); la Teoría de la autoeficacia (Bandura, 1977); la
Autoesquemas (Markus, 1977).
Sin explicación
única y ante tantas miniteorías sobre la motivación, el nuevo paradigma sobre
el estudio de la motivación acepta que ésta no tiene un origen único y que no
siempre se puede establecer su causa única; luego, la mayoría de los estados
motivacionales deben ser estudiados y comprendidos a múltiples niveles, como el
neurológico, el cognitivo, el social, etc. Reeve menciona nueve perspectivas:
(1) la conductual que sostiene que los motivos surgen de los incentivos
ambientales; (2) Neurológica sostiene que los motivos surgen de activaciones
cerebrales; (3) Fisiológica sostiene que los motivos surgen de la actividad
hormonal; (4) Cognitiva sostiene que los motivos surgen de los sucesos y
pensamientos mentales; (5) Sociocognitiva sostiene que los motivos surgen de las
formas de pensar guiadas por la exposición da otras personas; (6) Cultural
sostiene que los motivos surgen de grupos, organizaciones y naciones; (7)
Evolutiva sostiene que los motivos surgen de genes, herencia y genética; (8) Humanista sostiene que los motivos surgen
de alentar el potencial humano; (9) Psicoanalítica sostiene que los motivos
surgen de la vida mental inconsciente.
Este recuento de
miniteorías plantea un problema más: intervenir los factores intrínsecos y
extrínsecos dependerá de la o las miniteorías que se acepten y se asuman. Este
problema es examinado por el filósofo José Antonio Marina en su libro Los
Secretos de la motivación (2011) quien lo resuelve diciendo que la fuerza de
motivación que nos dirige a una meta puede fundarse en: (1) algo relacionado
con las metas como fin, que admite dos modalidades: (2.1) la misma actividad es
el fin, y aquí se habla de motivación intrínseca a la tarea, cuando la misma tarea es
interesante como el juego, las actividades creativas, una buena conversación,
las relaciones sexuales, etc., y que puede sintetizarse con la expresión “qué
bien lo he pasado haciendo…” (2.2)
Alcanzar el fin produce una satisfacción íntima, aunque sea difícil y
trabajosa, y, en ocasiones, precisamente por ello es motivante; aquí estamos
hablando de motivación intrínseca a la persona, por ejemplo por orgullo, competencia , afirmación,
aceptación social, logro, mostrar que si se es eficaz, etc. La expresión para
esta motivación es: “He sido capaz de hacerlo”. Y, (2) Algo relacionado
con la meta como medio para otra cosa, que es la motivación extrínseca y que
está provocada por un premio exterior a la tarea. La expresión para esta
motivación es: “El trabajo no me gusta, pero el pago es buenísimo”.
La motivación extrínseca (Reeve, 2009),
como ya se ha dicho, tiene origen en el ambiente, y tiene que ver con tres
conceptos: (1) incentivos, (2) consecuencias y (3) y recompensas.
Un incentivo es
un suceso que atrae o repele a una persona para que siga un curso específico de
acción. El incentivo está antes de la conducta, excitándola o inhibiéndola.
Las
consecuencias implican reforzadores y castigos y están al final de la conducta
para aumentarla o reducirla. Un reforzador positivo (dinero) es cualquier
suceso (o estímulo) ambiental que, cuando se presenta, aumenta la probabilidad
de repetición de esa conducta en el futuro. Un reforzador negativo (como el
pito de un vehículo) es cualquier suceso (o estímulo) ambiental que, al
presentarse, aumenta la probabilidad de esa conducta en el futuro. Un castigo
(multa de tránsito) es cualquier suceso (o estímulo) ambiental que, al
presentarse, reduce la probabilidad de ocurrencia de la conducta en el futuro.
Una recompensa
es cualquier ofrecimiento que da una persona a otra a cambio de sus servicios o
logros; las recompensas a veces producen el servicio o logro deseado, pero a
veces no tienen éxito.
El problema con
la motivación extrínseca es que socava la autonomía de la persona, interfiere
con el proceso de aprendizaje y perjudica el desarrollo de la autorregulación
autónoma motivada porque siempre habrá que presentarle incentivos,
consecuencias y recompensas para que actúe; en últimas, oprimir botones para
empujar o detener a otra persona.
Hay cuatro (4)
tipos de motivación extrínseca: (1) la regulación externa que es la que se usa
para obtener una recompensa o para satisfacer alguna demanda externa; (2) La
regulación introyectada que ocurre cuando la persona actúa como si siguiera las
reglas y órdenes de otras personas dentro de su cabeza; (3) la regulación
identificada cuando la persona se identifica con un modo de pensamiento o
conducta prescrito externamente y lo acepta como su propio modo de pensar o
actuar; (4) la integración de la novedad es el tipo más autodeterminado de
motivación extrínseca; implica el autoexamen para ajustar la novedad en ideas y
acciones con las preexistentes.
La identificada
y la integrada involucran más el sistema lento (Logatt, Kahneman) en su proceso
de procesar la información y actuar porque dan un fundamento racional, lógico y
coherente a las afirmaciones del tipo “eso no es interesante”, “eso no me
gusta” y a las preguntas de tipo “¿eso para qué me sirve?” ¿por qué tengo que aprender o hacer eso?.
Motivación intrínseca. Dice Reeve
citando a Deci y Ryan que es la energía orientada a los propios intereses y a
las propias capacidades para buscar y dominar desafíos óptimos (Deci y Ryan,
1985b). La motivación intrínseca surge de tres necesidades psicológicas: (1) la
autonomía –libertad-, (2) la competencia –eficiencia- y (3) la afinidad
–relación con los otros-.
La motivación
intrínseca es natural pero se puede promover y nutrir porque de ella vienen:
(1) la persistencia como la de los deportistas, escritores y todas las
personalidades autotélicas (Csikszentmihalyi, 1990); (2) la creatividad, que en palabras de Teresa
Amabile (1983), citada por Reeve, dice que: “Las personas serán más creativas
cuando se sientan motivadas principalmente por el interés, disfrute,
satisfacción y desafío del trabajo mismo, más que por las presiones externas”;
(3) la comprensión conceptual ocurre cuando los estudiantes piensan en
la
información y la
integran de un modo flexible, menos rígido y conceptual (por el contrario de la
memorización y reproducción de la respuesta correcta); y (4) el bienestar subjetivo
tiene que ver con las metas propias y auténticas, ya sean íntimas como aprender
un idioma o dominar una teoría o de signo externo como el reconocimiento
social; el bienestar se asocia con la autorrealización, con la autoestima, con
las relaciones interpersonales de mejor calidad y, por tanto, con poca
televisión y menor, o ningún, uso de drogas, alcohol y tabaco.
Las personas intrínsecamente motivadas, dice
Reeve citando a Moller, Deci y Ryan, 2006) tienen mayor probabilidad de
expresar frases como “me siento lleno de energía” y “espero con ansia cada día”
que las personas con una motivación extrínseca.
2.2.3.4 Adolescentes, motivaciones
y proyectos de vida
La pubertad es
un cambio físico que conduce a la madurez sexual que iniciaba cerca de los 13
años –según estimaciones de hace unas décadas- y que en esta época se registra
antes de los 13 años. La adolescencia es una construcción social definida en el
mundo occidental en el siglo XX como una etapa de transición entre la niñez y
la adultez que implica cambios físicos, cognitivos y psicosociales importantes
(Papalia, 2004). En la adolescencia ocurren cambios en la corteza prefrontal (Blakemore,
2007) que es la encargada de la vía lenta del pensamiento y la acción (Logatt, 2014;
Kahneman, 12)
La adolescencia
es una etapa en el curso de la vida caracterizado por las variaciones rápidas
en los estados de ánimo y la emotividad al máximo pasando de la euforia como a
la tristeza que lo puede llevar a caer en situaciones de riesgo, drogas,
alcohol, conducción imprudente, entre otras.
El adolescentes,
lejos de ser un “ser extraño” es un ser un ser ultrasensible y adaptable que
debe asumir la difícil tarea de pasar de la seguridad del hogar paterno al
difícil y agresivo mundo exterior, tarea nada sencilla para la UCCM (unidad
cuerpo cerebro mente) que aprecia la seguridad y trata de limitar al máximo la
incertidumbre de los cambios que no entiende y algunos adultos no le ayudan a
entender (Logatt, Carlos 2014).
Por la
información que brindan los estudios bioquímicos y los escáneres cerebrales hoy
se sabe con un poco más de certeza lo que sucede dentro del cerebro
adolescente: (i) Cuál es el interruptor que dispara la adolescencia y (ii)
Cuáles son los cambios que la misma produce en el cerebro.
El interruptor
que inicia la pubertad es la liberación de hormonas, siendo una de las
principales el factor liberador de gonadotrofinas (GnRH), liberadas por el
hipotálamo y que induce a la hipófisis a que segregue gonadotrofinas: la hormona
luteinizante (LH) que activará los ovarios en las mujeres y la producción de
estrógenos y la foliculoestimulante (FSH) que activará los testículos en los
hombres y la producción de testosterona para desencadenar el inicio de la
pubertad (Logatt, Carlos 2014).
A nivel de la
neurona adolescente se producen modificaciones en los axones, que son las vías
a través de la cual las neuronas transmiten los impulsos nerviosos, porque se
van cubriendo paulatinamente de mielina (una sustancia que cumple una función
aislante), que les permite aumentar su velocidad de conducción hasta 100 veces.
A su vez, en las otras arborescencias neuronales, llamadas dendritas, se
produce un aumento notable de las ramificaciones. Estos cambios son selectivos
y progresivos porque el cerebro experimenta una poda neuronal que es una
especie de reajuste en el número de neuronas que lo componen, así como de su
cableado neuronal, eliminando aquellas conexiones que no utiliza, a la vez que
refuerza las que le son útiles para la supervivencia presente y del futuro.
Este proceso de maduración y modelación se prolongará a lo largo de toda la
adolescencia y se caracterizará por comenzar desde las partes posteriores del
cerebro (las más antiguas) hacia los lóbulos prefrontales ―estos son los últimos
en desarrollarse― y en los lóbulos temporales, en donde se producirá la mayor
pérdida de neuronas (poda neuronal). Los lóbulos prefrontales son el área más
evolucionada del cerebro y el asiento de las capacidades ejecutivas, aquellas
que nos permiten atender y desarrollar un plan, monitorearlo, hacer ajustes y
cumplirlo entre otras cosas. (Logatt, Carlos 2014).
¿Cuándo termina
la poda neuronal? Algunos científicos (Blakemore, 2009 y 2012) piensan que después
de los 21 años de edad terminan de madurar los lóbulos prefrontales. Con este
dato la pregunta que surge es, ¿cómo decide el adolecente si su corteza
prefrontal, encargada de las decisiones, no ha madurado?
Recordemos que
el cerebro tiene dos vía de procesamiento y acción: la rápida y la lenta; que
una puede anular a la otra, que pueden colisionar o que pueden cooperar; que
ambas tienen su inicio en la emoción; que a la base de toda acción –motivada o
no- está la emoción; que la motivación intrínseca tiene en su base una emoción
positiva apoyada en automatismos y, que la acción motivada en adolescentes,
como la de decidir qué quiere estudiar, debe apoyarse en esos automatismos –relacionados
con los propios intereses y capacidades- de la motivación intrínseca.
El proyecto de vida es la expresión del derecho al libre desarrollo de la
personalidad y por tanto es una decisión autónoma que necesita en su base una
motivación intrínseca y toda la motivación extrínseca que sea posible, siempre
que no anule la orientación autónoma.